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Temblar de pasión

Y te das cuenta que antes de que tus labios vuelvan a temblar de pasión, deberán pasar mil años de silencio en el fondo de un adiós. Y ese abismo entre tu garganta y sus dientes que se convierte en inmensidad al no ser capaz de un simple roce. Tal vez, para sanar, antes deberías dejar entrar a alguien hasta los cimientos. Pero cómo lo haces cuando tienes el alma en desuso, en reparación, en millones de trocitos que deciden ir contra la gravedad y se alejan uno de otros un poquito más, un poquito más…

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