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Borrasca entre mis piernas…

Llueve.

Cada gota empapa el suelo del jardín. Observo tras la ventana el agua deslizarse sobre las hojas de las encinas hasta golpear las baldosas. Se rompe en mil gotas aún más pequeñas y crean dentro de mí unas ganas que desconocía. 

Tengo que salir. Debo hacerlo.

Mi cuerpo entra en calor y necesita la humedad de la lluvia para no quemar los instintos. Uno de ellos hace que gire mi cuerpo, comienzo a caminar descalza hasta la puerta de la entrada mientras voy despojándolo de la ropa. La camisa de seda cae danzando tras mis pasos. Bajo lentamente la cremallera de la falda que resbala por mis piernas dejando al descubierto las braguitas de encaje que noto húmedas abrigando mi sexo. Llego a la puerta tirando el sujetador a un lado. 

Abro con ganas. Con algo de desespero.

Doy pequeños pasos hasta llegar al jardín. El calor de mi cuerpo hierve cada gota que salpica sobre él. Subo los brazos por encima de mi cabeza, estiro las manos con deseo de llegar a esa nube que cubre mi piel de chispas de agua. 

Llueve con más intensidad. 

El encaje de las braguitas calado está de más sobre mi sexo. Deslizo la tela por mis muslos, gemelos y al llegar a los pies, la piso.

Sigo ardiendo.

Borrasca entre mis piernas.

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