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Berlín

Duermo.

Llegas silencioso. Acabas de llegar de Berlín.

Levantas la sábana que me cubre dejando mis pies descubiertos. Me observas dormida con mucho deseo. Te desnudas y empiezas a comerme los pies. Cada dedito. Con mucha dulzura y mucha saliva.

Me muevo en la cama al sentir tu boca pero sigo dormida. 

Te deslizas bajo la sábana subiendo lentamente con tu lengua por mis piernas. 

Me sigo moviendo en sueños.

Noto tu boca acercarse a mi sexo. Pero no despierto.

Me das un lametazo desde el culito hasta el clítoris. Consigues con ello que se abra para ti y me comes cada rincón. Lo devoras. Despacio. Juegas con tu lengua por fuera y con tus dedos por dentro hasta que estoy tan empapada que tienes la cara cubierta de flujo. 

Comienzo a gemir pero sin despertar. 

Te deleitas mirando mi boca entreabierta, eso te pone más bruto.

Sacas con mucho cuidado tus dedos de mi sexo. Comienzas a subir por mi vientre, mis pechos, a los que das un pequeño mordisco que casi me despierta. Pero no… Mi cuello hasta estar totalmente sobre mí.

Tu sexo está tan pegado a mi sexo que notas como el flujo resbala sobre él.

La sensación de sentir por primera vez el calor de mi sexo termina de enloquecerte y a la vez que me besas, me penetras.

Grito dentro de tu boca y abro los ojos un instante.

Cada una de tus embestidas provoca que me despierte un poquito más.

Me follas despacio sin separar tus labios de los míos hasta que consigues despertarme. 

Te transformas en mi bestia y me follas apasionado pero con mucha furia…

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